“Sufrir no sirve de nada” (Cesare Pavesse)

En la Playa de Almassora el internet va a pedales.

Durante las penosas semanas de confinamiento, sin enseñanza presencial, se hizo más grave esta carencia para los sufridos habitantes de la zona marítima. Hace meses que el Ayuntamiento concedió permiso a la empresa Ibertic (de Castellón) para la instalación de la fibra óptica (ancho de banda superior al de los cables eléctricos) para La Playa.

Hace un siglo, desde el consistorio, se proclamó que Ibertic ya la estaba instalando en la zona marítima. Se ponía fin al habitual abandono playero.

La citada empresa, en su web, publicita una oferta de fibra y reseña las afortunadas direcciones en la que ya tienen instalada e invita a que pongamos nuestra dirección entre la lista de disponibles que a continuación reseñan.

Y así vamos viendo que ––a día de hoy–– ya cuentan con fibra óptica catorce viviendas del carrer dels Pouets; veintiuna de L’Om Blanc y diez de Carrer Sequier. En total, 45 domicilios.

Y la página apostilla: “Esta lista se irá ampliando conforme vaya avanzando el despliegue”.

¿Despliegue?  ¡¿Qué despliegue?!

Desplegar (en su tercera acepción) “es ejercitar o poner en práctica una actividad”. ¿Y qué clase de actividad es instalar fibra en sólo cuarenta y cinco domicilios en ocho meses?

Salen a una instalación cada cinco días.

Calculo que dentro de tres años instalarán la mía.

¡¡Mátame, camión!!

Seguramente los frenéticos instaladores dirán que los datos no los tienen actualizados. Claro, con tanto trajín...

Vamos a ver: en el Consistorio alguien debería ocuparse del seguimiento de la instalación de la fibra óptica. Porque el cometido del Ayuntamiento no sólo consiste en dar el permiso y olvidarse.  Han de advertir a los señores de Ibertic que se trata de un servicio público de vital importancia para la telecomunicación de datos, la enseñanza y el ocio. Muchísimo más con la que está cayendo.

Pues eso: un tirón de orejas a quien corresponda.

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