CRÍTICA DE LIBROS: Nos vemos allá arriba, de Pierre Lemaitre

SINOPSIS: Durante la Guerra Mundial, en noviembre de 1918, tan sólo unos días antes del armisticio, el teniente d’Aulnay-Pradelle ordena una absurda ofensiva que culminará con los soldados Albert Maillard y Édouard Péricourt gravemente heridos, en un confuso y dramático incidente que ligará sus destinos inexorablemente. Édouard, de familia adinerada y con un talento excepcional para el dibujo, ha sufrido una horrible mutilación y se niega a reencontrarse con su padre y su hermana. Albert, de origen humilde y carácter pusilánime, concilia el sueño abrazado a una cabeza de caballo de cartón y está dispuesto a lo indecible con tal de compensar a Édouard, a quien debe la vida. Y Pradelle, aristócrata venido a menos, cínico y mujeriego, está obsesionado con recuperar su estatus social. De regreso en París, los tres excombatientes se rebelarán contra una realidad que los condena a la miseria y al olvido. Así, Édouard pergeña una ingeniosísima estafa con el fin de vengarse de su progenitor, que siempre lo repudió por su sensibilidad y sus habilidades artísticas. De paso quiere ayudar al fiel Albert, cuyo prurito es huir a las antípodas para olvidar a Cécile, su amor perdido. Aunque tal vez el más ambicioso sea Pradelle, que sacudirá la conciencia de Francia entera mediante una monumental operación delictiva concebida para amasar una rápida fortuna. Los escollos son considerables, pero la voluntad de los tres parece infinita.

El libro arranca así: “todos los que pensaban que aquella Guerra acabaría pronto habían muerto hacía mucho tiempo: Precisamente a causa de la guerra”. Lo que ya marca la pauta de este escritor, ganador del Premio Goncourt de 2013: trepidante, con un peculiar sentido del humor (“sin mandíbula, ¿cómo se reiría Albert? Pero, claro, no tendría muchas ganas de reír”).

La guerra, propiamente dicha, ocupa solamente tres capítulos del libro; pero sus consecuencias –la hambruna, la depresión, el mercado negro y, sobre todo, el enterramiento de las 300.000 víctimas– ocupa el resto de la novela. Estos capítulos bélicos me recuerdan la película “Senderos de gloria”, de Kubrick.

Anteriormente ya había leído –de este autor– “Camille” y algún otro, protagonizados por la comandante de policía Verhoeven. Es un narrador que me recuerda al americano Tom Wolfe, por su mirada despiadada y su sátira.

Nos vemos allá arriba es un libro largo (440 págs.), que se lee muy bien; los monólogos internos, los soliloquios ––tan peculiares de este escritor–– son lo mejor de la novela (algunos podrían recortarse un poco, puestos a ser exigentes), porque alivian el drama de situaciones tremendas.

Al acabar el conflicto mundial, las autoridades se encontraron con el problema que suponía enterrar a los 300.000 caídos en Verdún. Francia necesitaba pasar página y se iniciaron grandes operaciones y subcontratas entre empresas auxiliares. El humor corrosivo de Lemaitre nos va relatando la infinita picaresca de los sucesivos escalones de contratistas que rebajaban el coste de los ataúdes, comprándolos cada vez más pequeños. Así, fueron pasando de cajas de 1,70 de largo a 1,30. Los cuerpos no cabían y tenían que amputarlos… y los “sobrantes” de diversas víctimas los juntaban y colocaban en otro féretro, clasificándolo como “soldado desconocido”. Otras veces, los ataúdes sólo contenían tierra, pero los sepultaban y cobraban como si contuvieran restos humanos. Para rebajar precios, empleaban a obreros chinos (no entendían el francés), dándose el frecuente caso de confundir los nombres de los cadáveres…

El trepidante último capítulo empieza de esta forma:” El final podría figurar en el programa de las escuelas de fuegos de artificio como ejemplo de encendido progresivo”.

Una novela interesante y de amena lectura, que les recomiendo.

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