CRÍTICA DE LIBROS. - “Lluvia fina”, de Luis Landero

Sinopsis de Editorial Tusquets: Tras mucho tiempo sin apenas verse ni tratarse, Gabriel decide llamar a sus hermanas y reunir a toda la familia para celebrar el 80 cumpleaños de la madre y tratar así de reparar los viejos rencores que cada cual guarda en su corazón, y que los han distanciado durante tantos años. Aurora, dulce y ecuánime, la confidente de todos y la única que sabe hasta qué punto los demonios del pasado siguen tan vivos como siempre, trata de disuadirlo, porque teme que el intento de reconciliación agrave fatalmente los conflictos hasta ahora reprimidos. Y, en efecto, la primera llamada de teléfono desata otras llamadas y conversaciones, inocentes al principio y cada vez más enconadas, y de ese modo iremos conociendo las vidas de Sonia, de Andrea, de Horacio, de Aurora, del propio Gabriel y de la madre, y con ellas la historia familiar, desde la infancia de los hijos hasta la actualidad. Tal como temía Aurora, las antiguas querellas van reapareciendo como una lluvia fina que amenaza con formar un poderoso cauce al límite del desbordamiento. Entre Agosto e Hijos de un dios salvaje, Lluvia fina es la novela más trepidante de Luis Landero.

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 Hace unas semanas critiqué “El huerto de Emerson” de este mismo autor. Ya dije entonces que es un escritor excepcional.

Lluvia fina” es una novela muy triste, cruda, sin una línea para la sonrisa. Nos destapa una tragedia familiar con sórdidos episodios. Todo ello en un ambiente mesetario. En algunos momentos emplea la combinación de diálogos, entrecruzados –utilizando simultáneamente distintos narradores e incluso conversaciones telefónicas– para contar la historia de una familia destruida, cuyos miembros intentan recuperar las relaciones entre ellos, pero hay un drama oculto que impide la reconciliación.

Una hábil estrategia narrativa prepara el terreno que desemboca en un tremendo final. Landero va presentando datos (dispersados a propósito) un tanto confusos, que contienen las piezas de un complicado mosaico familiar, hasta que la trama se hace trasparente. El clan familiar toma por confidente a la discreta Aurora y la hace depositaria de sus miserias. Todos tienen una necesidad compulsiva de contar. Cada uno tiene su particular versión. Pero entre unas versiones y otras existe una contradicción absoluta.

Luis Landero nos ofrece la voz del narrador pegada a la protagonista, Aurora, la receptora, la que sabe escuchar y recoge todas las versiones de la tragedia familiar, de modo que "todas las versiones de todas las historias terminan confluyendo en Aurora", quien también sabe de la dificultad de conocer realmente a alguien, de saber quién es quién (no conoce ni a su marido), de las distintas opiniones que emergen de cada uno, según sea padre o madre, o primogénita o el pequeño de la familia. La versión del hermano/marido, tan distinta en función de quien hable. Pero, sobre esa voz del narrador; lo mejor son los diálogos entremezclados: conversaciones telefónicas, confidencias que recoge la protagonista y las charlas que se mezclan saltando de un personaje a otro; un mosaico que, al final del libro, nos desvela los secretos de cada uno, sus vivencias, sus frustraciones y traumas.

La lluvia fina moja, poco a poco, y–– de una forma un tanto inconsciente–– cala hasta lo más profundo si no nos ponemos a cubierto. Eso es la historia de Landero, una llovizna de letras, de historias, de vida que penetra hasta los huesos con una maestría portentosa.

 Seguramente es la novela más amarga de Landero, pero hay que agradecer que hasta los episodios más crudos los describa con elegancia. Landero es uno de los mejores escritores en castellano, tiene una técnica narrativa impecable y un dominio del lenguaje prodigioso, cervantino.

Lluvia fina es un libro durísimo, desolador, implacable. Muy oscuro.

Con todas estas advertencias, se lo recomiendo fervientemente.

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