CRÍTICA DE LIBROS: “Volver a dónde” de Antonio Muñoz Molina - 343 págs.

Sinopsis de la Editorial Seix Barral: Madrid, junio de 2020. Tras un encierro de tres meses, el narrador asiste desde su balcón al despertar de la ciudad a la llamada nueva normalidad, mientras revive los recuerdos de su infancia en una cultura campesina cuyos últimos supervivientes ahora están muriendo. A la dolorosa constatación de que con él desaparecerá la memoria familiar, se le suma la certeza de que en este nuevo mundo nacido de una crisis global sin precedentes aún prevalecen unas prácticas dañinas que podríamos haber dejado atrás.

Volver a dónde es un libro de una belleza sobrecogedora que reflexiona sobre el paso del tiempo, sobre cómo construimos nuestros recuerdos y cómo éstos, a su vez, nos mantienen en pie en momentos en que la realidad queda en suspenso; un testimonio imprescindible para entender un tiempo extraordinario y la responsabilidad que adquirimos con las nuevas generaciones.

Certero observador de la actualidad, Antonio Muñoz Molina ofrece en estas páginas, a modo de una suerte Diario del año de la peste de Daniel Defoe contemporáneo, un lúcido análisis de la España actual a la vez que refleja la transformación irreversible de nuestro país durante el último siglo.

*  *  *

Antonio Muñoz Molina es un autor magnífico. Personalmente, creo que el trío formado por Luis Landero, Fernando Aramburu y Muñoz Molina (el orden es lo de menos) es el mejor conjunto de escritores extraordinarios de la actualidad.

Recuerdo la sorpresa que me produjo “El jinete polaco”. Tomás Llorens me comentaba que le parecía la mejor novela española del siglo XX, junto con “El Jarama” de Ferlosio.

Desde aquella novela, he leído casi toda su extensa producción y sus colaboraciones en “El País”.

En este trabajo que ahora critico, Muñoz Molina nos va contando los días de confinamiento por la Covid, pero además va intercalando de forma muy amena sus recuerdos infantiles y juveniles, sus desvelos, las costumbres y los usos de las gentes y los hábitos cotidianos. Es un libro nostálgico y sensible de un mundo que se ha ido. Su generación sería la última que jugó en la calle; nos va narrando amorosamente cómo eran los juegos de los chavales, los colegios, la lucha de los mayores por sobrevivir en una atroz posguerra cargada de temores y miseria.

La vida era áspera. El trabajo árido y el régimen político malencarado y cuartelario. Las discusiones de los hombres podían tener aspereza agresiva de guijarros.

En la posguerra los mayores aconsejaban: Pase lo que pase, tú no te señales. Quejarse era una debilidad, incluso aunque se quejara con razón. Detrás de aquel código arcaico estaba la huella del terror que no nombraban porque la derrota de la guerra se lo había tatuado a todos en el alma: tú no te señales.

Extraordinario el relato de la matanza del cerdo (el marrano), verdadera fiesta de la abundancia porque suspendía los hábitos de los días normales.

El estilo narrativo es sencillo, cálido y hasta amoroso. Su mirada crítica recorre los primeros días de los contagios. Las mascarillas agotadas en las farmacias, las informaciones atropelladas. Al autor le daba miedo pensar qué había pasado durante la noche, qué contaría la radio por la mañana… Nadie parece creerse que la realidad sea tan amenazadora, que las cosas fueran a peor. La sanidad pública lleva años sometida a procesos de degradación y nadie sabe lo que va a pasar.

En tono amable y sosegado nos relata los aplausos –de las ocho de la tarde– a los sanitarios; el riego de las plantas del balcón, ladridos de perros como en las lejanías de un pueblo, la calle en silencio y soledad…

Por otra parte, reniega del cainismo político, la bronca política española: Millones de personas actúan con responsabilidad y disciplina, jugándose la vida, y mientras tanto esa chusma de políticos venenosos que tanto se odian entre sí hacen imposible que nuestro país tenga un sistema de convivencia y de buen gobierno que nos proteja a todos y nos ayude a salir del foso en el que nos vemos ahora. Con saña impúdica la derecha se ha lanzado a competir con la extrema derecha.

Cita la frase de Pérez Galdós la clase política, el bullicioso escuadrón de majaderos y malvados.

Un libro que les recomiendo cálidamente. Sobre todo, por la mirada certera sobre las cosas y las personas.

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