CRÍTICA DE LIBROS.- La llama inmortal de Stephen Crane de Paul Auster (992 páginas)

Sinopsis de la Editorial Seix Barral: En esta apasionante biografía literaria de Stephen Crane (1871-1900), Paul Auster recrea la fascinante vida y la energía creativa del joven escritor, periodista y poeta que escribió La roja insignia roja del valor en 1895. Crane solo vivió 29 años, pero en ese corto espacio de tiempo cultivó la novela, los cuentos, la poesía y fue un aventurado periodista que cubrió conflictos como la Guerra de Cuba. Conoció a Joseph Conrad y Henry James, que elogiaron su escritura, y con su obra cambió las letras estadounidenses para siempre.

Auster ofrece, además, una ventana a la vida en Nueva York y Londres a finales del siglo XIX. Los años de Crane son también una época irrepetible en la que el país se prepara para dejar atrás la América del Salvaje Oeste para convertirse en la potencia capitalista que dominaría el mundo durante el siglo XX; una época de prosperidad que, sin embargo, esconde un pasado sin resolver marcado por el comercio de esclavos africanos y la matanza de indios nativos, y que tiene por delante los primeros movimientos sociales y las reivindicaciones sindicales.

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Dice Paul Auster que nunca se le había pasado por la cabeza escribir sobre Stephen Crane hasta que, uno o dos meses después de terminar su libro “4 3 2 1”, cayó en sus manos The Monster, la última novela de Crane. En las páginas del libro no solo encontró nuevas razones para considerar a su compatriota un escritor “extraordinario” y “profundamente infravalorado”, sino que también halló la motivación necesaria para tratar de brindarle justicia literaria.

Numerosos artistas, sigue diciendo, recibieron, además, la influencia de Crane: Hemingway el que más y, de hecho, Hemingway no sería Hemingway sin que hubiera existido Crane, recalca Auster, que considera al protagonista de su libro como el primer modernista norteamericano y que repara en la profunda amistad que mantuvo este escritor con Henry James y, sobre todo, con Joseph Conrad, al que también marcó.

Antes de dedicarse (en este libro que critico) a la obra de Crane, Auster nos recrea cómo era la vida cotidiana de la época:” Una vida urbana donde irlandeses, alemanes, italianos, griegos, escandinavos, húngaros y polacos se menospreciaban entre sí y en conjunto despreciaban a negros y judíos”.

La novela más famosa de Crane fue “La roja insignia del valor”. No es una novela bélica en la que se nos diga por qué se libra la guerra, dónde tiene lugar el combate, estrategia militar y moral en el frente interno… No. Más bien es un retrato psicológico del miedo; los ojos, los oídos y pensamiento del protagonista.

Aunque tiene lugar en la guerra civil estadounidense no aparece una sola mención a Abraham Lincoln, ni la idea de preservar la Unión, ni habla sobre la esclavitud. La novela está compuesta de elementos de combate de los soldados rasos; eso y nada más. El protagonista parece tener dieciséis años y se le menciona como “el muchacho”. Las batallas son reales, pero la única que cuenta es la que el protagonista Henry libra consigo mismo.

Los tres elementos principales en los que se basa Crane son: el paisaje, los camaradas del muchacho y los pensamientos que a Henry se le pasan por la cabeza. Este es el corazón de la novela.

Siendo un veinteañero, Crane dedicó los pocos años de vida que le restaban a recorrer mundo y a escribir de manera compulsiva. Tras cubrir la guerra de Cuba, ya con la salud muy frágil, se estableció en la Selva Negra con la idea de aliviar su tuberculosis, pero no pudo superar la enfermedad y falleció en 1900, cuando tenía solo 28 años.

Poco antes de ese final, Crane le dijo a su mujer, Cora: "Me voy de aquí apaciblemente, buscando hacer el bien, firme, resuelto, invulnerable".

La creencia de Auster de que a Stephen Crane se le tenía infravalorado creo que no justifica su objetivo de profundizar tanto en la persona como en el escritor como si fueran "dos proyectos separados".

Aunque sea justo reconocer que la obra de Crane ha ido apareciendo y desapareciendo de los planes de estudio americanos y, en general, de los intereses lectores de los estadounidenses, algo que también lamenta Auster al final del libro: “Lo olvidaron. Volvieron a recordarlo. De nuevo lo olvidaron. Otra vez lo recordaron, y ahora, mientras escribo las últimas palabras de este libro, en los primeros días de 2020, sus obras se han vuelto a olvidar”.

Auster no ha novelizado a Crane. No. Ha diseccionado sus escritos, y los clasifica casi palabra a palabra, con microscopio. Y no sólo a la obra y a la vida de Crane: a la época (como he dicho) también. El resultado son MIL agotadoras páginas casi imposibles de leer y –sobre todo– de digerir para un lector de novela.

Demasiadas páginas para una biografía literaria, aunque las haya escrito Paul Auster.

Si no han leído nada del autor, empiecen por leer sus estupendas novelas sobre Nueva York. Valen la pena. Este libro que hoy critico es una cargante pesadez.  

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